Diccionario de seres mitológicos

Edición original en tres tomos a cargo de Ricardulario Stragagmesani y Franz Elemento Cachavsky, catedráticos de la Universidad Edacvál de Casi Ningún Lugar.

Selección errada y reducida a cargo del Payaso Pichito.

El alcirtán

Criatura que figura en las fábulas alebrijentzes. Tiene pupilas e iris de espejo. Los textos aseguran que el que recibe la mirada del alcirtán, se transforma en una réplica especular de sí mismo.

La leyenda cuenta que Nornóridas el manco no creía en el poder del alcirtán, pero nunca encontró uno para hacer la verificación.

Se dice que, una vez espejado, la única forma de volver a la normalidad es conseguir la mirada del alcirtán a través de un espejo.

El carferis

Los antiguos marinos pluplanqueses dan cuenta de un elemental denominado carferis, que se presentaba sólo ante los ojos de quienes consumían un elixir (sidoraquis). La sola presencia del carferis confería la monoglosia, o incapacidad de hablar en otra lengua que no fuera la natal.
Su representación varía según las leyendas: mientras unos lo retratan como un delfín mansito, otros le adjudican un aspecto fimusiforme, o sea de sorete flotante.

El íctamo

Especie de pez de las proporciones de un pez, que pulula en las oficinas de Alebrijentz y en las aulas de las escuelas casiningunlugarzas.

Posee dientes de peine, cola de cigarrillo, ojos de huracán, cabeza de ajo, patas de cama y boca de tormenta.

Kromanthes y parakromanthes

Las gulipentas populares de los alrededores de Mancatracia están infestadas de referencias a los kromanthes, bichos que son omnívoros en el sentido más literal de la palabra.

Mangas de kromanthes devoran absolutamente todo aquello con lo que se topan, dejando absoluto vacío en el lugar donde pegaron el mordiscón.

En las charransonetas de Elavcado, se habla precisamente de los parakromanthes, que, de manera opuesta a sus réplicas, se caracterizan por comer trocitos de vacío (jugoso), dejando a cambio una variedad innúmera de objetos: conejos, relojes de pared, dagas, cementerios, cielos y pianos de cola.

Las lipoteas

Los navegantes pluplanqueses atestiguan la presencia de féminas conocidas como lipoteas en las aguas siempre malolientes del Océano Perfumado. Se trata de mujeres que desde que nacen se encuentran muertas.

Con tan solo mirar a la lipotea, una estatua puede convertirse en persona. Se dice que tal fue el triste destino del busto de Íteles Óteles que solía encontrarse en la plaza mayor.

Los meglautes

Genios que pululan el folklore de Alefragancia. Habitan en las bombitas eléctricas. Se hacen visibles en cuanto se enciende la lamparita, y dejan de verse en cuanto se apaga.

Ernestino el Pequeño postuló que los meglautes en realidad siempre están allí, sólo que cuando las luces están apagadas, la falta de luz hace imposible verlos.

Blimviznurrin observó en cambio que los meglautes no son más que la luz misma. Cabe destacar que meglautes es la palabra que los alefraganceses emplean para designar la luz.

El ñis-ñis

Añatupelmitau (Viajes IIX, pp. 91-93) en sus travesías por los países remotos del Otro Continente refiere la existencia del ñis-ñis, animal metamórfico, que toma la forma de todo aquello cuanto ve. Como los ñis-ñis son casi siempre ciegos, suelen ser invisibles.

Se dice que la presencia del ñis-ñis presagia la trirrotación.

El orniseo

Los viejos blastines oxorientales hablan del orniseo, pájaro mitológico que guarda en su interior a otro orniseo de menor tamaño. La leyenda narra que un zoólogo pluplanqués, desobedeciendo a su maestro, se embarcó en la disección de un orniseo, pereciendo antes de completar la tarea.

Los lógicos rapaneses estudiaron el canto del orniseo, llegando a la sorprendente conclusión de que todos los orniseos pueden trinar simultáneamente sin ensordecer al mundo, resultado que se conoce como ``la paradoja de Apílotes''.

Paléntor

Monstruo filosófico y moral concebido por la poetisa Bí Á, en su poema homónimo (que se llama ``Paléntor'', no ``Bí Á''):

Mana de lo plural la inteligencia;
de mis premisas, ésa es la primera.
Y que, aunque discutible, es verdadera
firme lo corrobora nuestra ciencia.

Al juntar sendas hojas, con los dientes las obreras, y un cúmulo de migas, forman una colonia las hormigas: igual que las neuronas una mente.

Y de cuanto en Edacval hay plural, negarlo es vano, lo que más abunda conforma una consciencia que espectral

denomino Paléntor. Él se funda en todo lo que hubimos hecho mal. Y nos perseguirá hasta que nos hunda.

El Quelot

Los manuscritos solpeladevales retratan al Quelot como una tortuga ciega que sostiene a Edacval. En épocas más recientes, se lo representa en estado de coma, lo cual ha de deberse a la presencia de la Chinfulesa en el planeta.