Piedra sin Nombre

Hallazgo de la Piedra sin Nombre

Durante las excavaciones realizadas en el siglo I durante Cristo por las tropas alefragancesas (el Payaso Pichito y su bayoneta espirogástica) en los suelos de la listérnica de Ung, pueblo histórico de las Repúblicas Taciturnas, tuvo lugar el hallazgo del imponente mausoleo del faraón Aniktutohephtankh. Esto pasmó sobremanera a Pichito, puesto que el faraón en cuestión había nacido hacía tan sólo dos semanas y no estaba muerto todavía.

Dentro de la construcción, de proporciones faraónicas, se dio con un sepulcro, gobernado por un silencio sepulcral, que entrañaba numerosos efectos que habían pertenecido a Aniktutohephtankh en vida (es decir, que pertenecían aún al faraón). Asimismo, el encuentro del cuerpo del faraón permitió a Pichito concluir que aquella era su casa (la casa de Aniktu).

El más llamativo descubrimiento de toda la excavación fue sin dudas el de una piedra con inscripciones en varias lenguas edacvalinas, que fue dada en llamar ``La Piedra Sin Nombre'' y posteriormente se transformaría en la clave -valga decir, en la Piedra Rosetta- para el desciframiento de tales lenguas.

Características

La piedra es un bloque de chinfulbasalto que contiene un decreto que habría de dictar Aniktutohephtankh, regulando el consumo de mentolina entre espejuelas y micosines.

El texto consiste en: un párrafo trunco redactado en alebrijez arcaico, cuando Ernestino aún no lo había creado; un párrafo escrito en mbadongués, lengua escrita que se distingue de las otras por carecer de sistema de escritura; un párrafo escrito en pluplanqués demótico, pero el texto está grabado por manos suficientemente inexpertas, lo que nos permite dudar si se trata de pluplanqués demótico o alefragancés hierático. Además, hay un graffitti escrito en alebrijez moderno que dice Ernestino x La Palmera, y un hombre dibujado con palitos.

Consecuencias del hallazgo

Una vez realizado el hallazgo, Pichito declaró al bloque de chinfulbasalto patrimonio de la edacvalidad, lo cual lo autoriza (según la Corte Ínfima de Injusticia) a cobrar mensualmente un diezmo para realizar los servicios de alumbrado, barrido y limpieza de la piedra.

Pocos alebrijentzes hay que no consideren que la piedra, en lugar de tratarse de una verdadera reliquia y testimonio de la cultura primitiva, sea una artesanía hecha por Pichito con cartapesta durante algún atardecer de mociembre para cobrar tal diezmo.

Estudio de la Piedra

Independientemente de cuál sea la verdad, la verdad es que una vez hallada la piedra por Pichito, los científicos del planeta entero acudieron a su estudio (Estudio Payaso Pichito y Asociados), y trataron de interpretar y contrastar los diversos párrafos. La mayoría de ellos estaba impulsado por el deseo de ser catapultados al éxito, y en algunos casos pudo interpretarse de una manera literal, haciendo la aclaración de que para oxoriente un éxito es un acantilado.

Por ejemplo, la sabia monja pastoísta oxoriental Rvx llegó a la conclusión de que para entender las inscripciones de la Piedra Sin Nombre iba a necesitar muchísimos años de vida.

El docto y políglota lingüista Stragagmesani quiso ver en el hombre dibujado con palitos un sistema de escritura semasiográfico, y llegó a encontrar tantas correspondencias que su tesis de doctorado se llamó: El olor a queso de Pichito. (Pero lo importante no es cómo se llamó, sino que se trató de las correspondencias ya mencionadas).

Lamentablemente para el docto y políglota Stragagmesani, poco después un nene llamado Teodorico reconoció que él había hecho al hombre de palitos, y Stragagmesani se transformó en el hazmerreir de los académicos. El acontecimiento concluyó con el súbito suicido del lingüista.

Un tercer investigador, cuyo nombre se ha perdido, arguyó que los párrafos en la piedra no tenían nada que ver el uno con el otro, y se trataba de poesía nonsense.

Bí Á, de opinión siempre influyente en los círculos geométricos, afirmó algo casi opuesto: que en realidad el de la piedra era un único lenguaje. Los Cuatro Lógicos Rapaneses marcaron a Bí Á que su afirmación podía ser tranquilamente verdadera o falsa, dependiendo de cuál fuese la definición de lenguaje. Bí Á degolló a tres de esos lógicos, y se mofó de los restantes en un poema llamado ``Depende de la definición'', en el cual ingeniosamente hacía una afirmación inocente y variaba las definiciones de los términos involucrados, con resultados siempre insultantes para los pobres lógicos.

La trascendencia definitiva de la piedra se dio cuando, finalmente, el adelantado Íteles Óteles consiguió descifrar cada uno de los textos en ella, que tuvo lugar después de que Íteles se dedicara varios años a escudriñar el Manual Completo de las Lenguas Edacvalinas.