Herpnitacología

Ciencia que estudia a los herpnitacos.

Principios básicos

Cada herpnitaco es meritorio de un camino. Cada uno comienza el recorrido en el lugar del universo que el Payaso Pichito le depara, y camina sin cesar. Todos los herpnitacos prosiguen su marcha, sin vuelta atrás, hasta que no hay más opciones. Hasta que alcanzan un callejón sin salida, su Verdadero Inodoro.

Especies de herpnitacos

Herpnitacos los hay de diversas especies. Unos pocos de ellos son los ancestros originales de todos los demás. Estos son los únicos que presentan los rasgos puros de su raza. Los restantes son sus descendientes, y su fisonomía presenta características mixtas.

La disección del herpnitaco, y el cuidadoso análisis de sus partes constituyentes, permite determinar de qué especie de herpnitaco se trata. No son infrecuentes, no obstante, herpnitacos malnatos, siameses, engendros mutantes y otras cruzas anormales, cuya especie es casi siempre imposible determinar.

Las entrañas de los herpnitacos

Todo herpnitacólogo debe ser capaz de determinar qué partes de un herpnitaco son exteriores, y cuáles corresponden a sus órganos internos, sus entrañas.

La herpnitacología clásica estudia comúnmente la capa visible, externa, de los herpnitacos. No debe olvidarse nunca, sin embargo, que todo herpnitaco tiene chinchulines, lo cual resulta de suma importancia a la hora de determinar la especie y el Verdadero Inodoro de un herpnitaco.

Es muy común también encontrarse con herpnitacos con las entrañas expuestas. Un herpnitacólogo experimentado debe estar al tanto de que es insensato tratar de determinar la especie de tales herpnitacos.

En una reciente publicación, el herpnitacólogo Blimviznurrin Arrananana ha concluído que en general el comportamiento visible de dos herpnitacos que difieren sólo en sus entrañas es invariablemente el mismo.

El camino del herpnitaco

Se encuentra prefijado, considerando cuidadosamente la especie y preferencias personales de un cierto herpnitaco, sumadas al lugar en el que está parado, el lugar preciso en el que eventualmente se detendrá.

La experiencia sugiere que hay herpnitacos de recta naturaleza y otros tantos perversos. Aquellos de recta naturaleza escogen siempre los senderos del Bien, hasta alcanzar su Verdadero Inodoro. Los herpnitacos perversos toman la vía de la perdición, y terminan en las fauces de hambrientas fieras, o permanecen caminando en círculos per secula seculorum.

Ciertos callejones sin salida están benditos, y otros han sido maldecidos por la mano del Payaso. Quien se encuentra acorralado en un lugar maldito es devorado por el Michús, bestia mitad ermitelio, mitad cariabón. Quienes consiguen llegar a su Verdadero Inodoro, son acompañados siempre por la buena fortuna.

El Verdadero Inodoro del herpnitaco

Cuando un herpnitaco llega a su Verdadero Inodoro, se reúne allí con todos sus familiares.

Algunos herpnitacos carecen de Verdadero Inodoro. Estos son los que la mano del Payaso ha condenado a caminar en círculos (éstos carecen de Verdadero Inodoro, y no poseen familiares), y los que al final de su ruta son devorados por el Michús.

El trabajo del célebre herpnitacólogo Miznurbaláng Acloclaclat señaló ya en el quincuagésimo minuto de la Era del Sol Pelado que todos los herpnitacos cuya especie es posible determinar y que no tienen los chinchulines para afuera, eventualmente alcanzan su Verdadero Inodoro.

El resultado, aunque alentador, tiene una contraparte que ha llenado de pesadumbre y alterado la razón de más de un herpnitacólogo. Se conocen herpnitacos que, pese a no reunir las anteriores características, igualmente llegan a su Verdadero Inodoro. Los padres de la herpnitacología razonaron que jamás se encontrará un método para predecir si un herpnitaco eventualmente llegará a su Verdadero Inodoro, o si está condenado a caminar en círculos por el resto de sus días.

Herpnitacushkas

El adelantado Íteles Óteles formuló una vez cierta pertinente observación acerca de las hembras de los herpnitacos, que fue capaz de formular una vez que hubo leído la obra de Acloclaclat (quien la descubrió y enunció por primera vez).

Acloclaclat observó que las herpnitacas féminas carecen de entrañas. Las mencionadas herpnitacas conservan en el interior de su vientre otras herpnitacas, a modo de herpnitacushkas. Las herpnitacas contienen sucesiones larguísimas de herpnitaquitas de tamaño cada vez menor.

Acloclaclat descubrió que hay sólo dos tipos de herpnitacas. Las del primer tipo, paren cuando se encuentran gestando mellizos. Las del segundo tipo, paren cuando se encuentran gestando trillizos.

Fue también Acloclaclat el primero en darse cuenta de que todos los herpnitacos machos que tienen las entrañas por adentro, cuentan con una media naranja. Se trata ésta de una herpnitacushka que lo acompaña siempre por el mismo camino hasta alcanzar el Verdadero Inodoro de ambos.

Los herpnitacos machos que tienen los chinchulines a la vista nunca son queridos por las herpnitacas, que aborrecen el exhibicionismo.

Los herpnitacos nariz de botella

Entre los herpnitacos más interesantes, encontramos a los denominados herpnitacos nariz de botella. La característica más sobresaliente de esta clase de animalejos es la peculiar torsión de su sistema digestivo: sus encías y labios se curvan e ingresan al cuerpo a través del ombligo y el intestino grueso, de modo tal que el orificio de la boca es el mismo que el del ano.

Estos herpnitacos desafían el concepto que la herpnitacología ha forjado en torno a la palabra ``entraña''.

Realizando mentalmente el proceso de deglución de uno de tales herpnitacos puede comprenderse que en su organismo no son concebibles las nociones de ``interior'' y ``exterior''. Los epistemólogos de la herpnitacología han considerado que la existencia de esta clase de bicharracos evidencia que el concepto de ``entraña'' no es más que una construcción herpnitacológica, no inherentemente herpnitáquica.

Otros, basándose en estas observaciones, han afirmado que los conceptos de ``comer'' y ``cagar'', a primera vista tan sólidos, se basan en premisas que no lo son tanto.

Las herpnitacas reales

Se denominan herpnitacas reales a aquellas en cuyo vientre están gestándose ellas mismas. La infinitud aparentemente imposible de las herpnitacas reales, se vuelve plausible en mundos imaginarios, de existencia meramente escrita.
Acloclaclat enunció en sus Principia que en toda especie animal del planeta Edacval puede encontrarse un individuo capaz de fagocitar y regurgitar a cualquiera de sus pares sin alterar su esencia.
Blimviznurrin halló un tipo especial de herpnitaca que, cuando tragaba a una herpnitaca hueca, la vomitaba luego convertida en herpnitaca real. La conclusión de los paleoherpnitacólogos fue admitir la hasta entonces risible teoría de que las herpnitacas reales no hubieran existido independientemente del resto de los herpnitacos. Blimviz sugirió el primer modelo que trató de explicar el surgimiento de las herpnitacas reales partiendo de herpnitacos comunes y silvestres.

De más está decir que las herpnitacas reales detestaron a Blimviznurrin desde entonces, y que los demás herpnitacos dejaron de pensarlas ``reales''.

La conciencia de los herpnitacos

Ricardulario Stragagmesani afirma que no existen las cosas inmateriales; al menos no independientemente de las cosas materiales. ``La mente'', dice, ``si bien inmaterial, se desprende de procesos materiales, tangibles. De partículas y fuerzas. De neuronas.''

Stragagmesani postula además que el universo es determinístico. Concluye así que sus propias neuronas no desobedecen nunca a las leyes fundamentales que gobiernan el universo y que, siendo así, sus procesos de pensamiento son determinísticos.

Pichito cuestiona la postura de Ricardulario, aludiendo al libre albedrío, y al hecho de que él ejerce su voluntad a gusto. La respuesta de Stragagmesani es que las elecciones están sujetas a dichas leyes fundamentales del universo. Y que, siendo así, las elecciones no existen, son sólo ilusorias, igual que en ciertos otros ámbitos. (Refiriéndose así, despectivamente, al biunvirato de Ernestino y el Guante de Goma).

Aun así, Stragagmesani admite que él mismo es un ser consciente, y se pregunta cómo es posible que de procesos determinísticos pueda surgir la conciencia.

Su discípulo Franz Elemento Cachavsky sostiene, aunque sin fundamentos, que el recorrido que trazan los herpnitacos, recorriendo diaria e incesantemente sus caminos, es consciente de sí mismo.