Feliciano Mancuso

Reconocido botánico nacido en la zona inundada del Riñón del Noveno Continente. Padre pastopsicofrutista. Mancuso asegura haber visto por primera vez el mundo al salir de una bola amarillenta y cristalina similar a un huevo y, según cálculos trirrotacionales, supone haber nacido en los años azules del siglo menos siete antes de Cristo.

Primeros años

Envuelto y abandonado en realidad por un grupo de inmigrantes en un cascarón de herpnitaco, el experto herborista vivió toda su juventud creyéndose heredero de una especie ovípara. Ya en sus primeros años intentaba imitar las costumbres de algunas aves y pajarillos a quienes especulaba que debía parecerse, y se engañaba pensando que eran plumas las cosquillosas pelusas de herpnitaco que aún subsistían en su cascarón.

Encuentro con la Caléndula

Mancuso ahondó desde muy pequeño en temáticas relacionadas con las raíces y la identidad; hecho tal vez vinculado a la necesidad de reconocer símbolos de pertenencia en la deshabitada Shovanía. Su ardua búsqueda lo llevó a excavar en los descampados de la planicie dorada de la República Taciturna de Alebrijentz, donde finalmente se encontró, frente a frente, con la fantástica Caléndula Mayor.

Este hecho transformó su vida para siempre. Más tarde, Feliciano recordaría en su más famoso blastín: Charransoneta de las Calendularias cómo fue que llegó a traspasar las doradas corrientes de excremento de pejerrey, siguiendo las prominentes raíces de la Caléndula Magna, hasta llegar a lo que más tarde se convertiría en el símbolo más emblemático de la doctrina pastoísta:
Era un atardecer de mociembre como no podría ser de otra manera, puesto que los sucesos importantes en la vida de los edacvalinos siempre ocurren en este mes. A decir verdad siempre ocurren a finales de este lapso, cuando el olor áspero de los tilópidos inunda los atardeceres. Los tilópidos son una de mis especies favoritas por su color aterciopelado y sus demás particularidades. Siempre me he sentido identificado con ellos, puesto que yo tampoco he podido encontrar un ser que haya llegado a la vida de una forma tan singular como la mía. Los tilópidos inspiran en mí grandes deseos de volar...

Obras

Los escritos de Mancuso se caracterizan por su falta de continuidad, consistencia y, primordialmente, por el retorno constante a asuntos relacionados con su nacimiento, su cascarón, sus deseos de volar y su sentimiento de singularidad, sucesos que sirvieron de tópico a las acaloradas discusiones de muchos psicofrutistas.

Mancuso nunca quiso reconocer que era ciego de nacimiento y se empeñó obstinadamente en dedicarse a la botánica y, más tarde, a la escritura. Sus densos blastines eran básicamente resúmenes vegetales, pero él se empecinaba en considerarlos obras literarias. Las extensas descripciones provenientes de la poco desarrollada imaginación de Feliciano se caracterizaron por su carácter repetitivo.

Su máxima creación fue la descripción de la Caléndula Mayor. Esta obra rebosaba de detalles, deteniéndose en nimiedades tales como: el Tallo, el crecimiento del Tallo, la ramificación del Tallo, la anatomía del Tallo, la morfología del Tallo, la estructura primaria del Tallo, la epidermis del Tallo, la corteza del Tallo, el por qué de la vida del Tallo, el Tallo y su cilindro central, el día que el Tallo giró hacia el sol, el Tallo feliz, el Tallo y sus cuestiones existenciales, el Tallo que quería volar, entre otros.

Feliciano Mancuso encontró en la caléndula el comienzo de su vida espiritual, pero fue el Payaso Pichito quien le mostró finalmente el camino. Al comenzar su vida adulta, el todopoderoso payaso le reveló la verdad a Mancuso y le dijo que era su verdadero padre, y no en un sentido alegórico del tipo yo soy el padre de todos...

Inventos

Así fue como Feliciano se sentó a la derecha de Pichito y desde allí conoció a su hermana, Hermegenilda Mancusa que por esa época estaba dando a luz a Ítalo Mancuso. Juntos crearon un no muy innovador sistema de lectoescritura orientado a no videntes, cuya utilización procuró muchos inconvenientes.

El inconveniente fundamental fue la electrocución de Mancuso al intentar manejar el aparato mientras regaba los frutos de su jardín botánico.