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El Coloquio de los Cinco

Una de las últimas tardes de mociembre de la Era del Sol sin Pelo, en la Universidad de Casi Ningún Lugar, tuvo lugar el encuentro de cinco de las ocho personalidades más eminentes de la historia edacvalina. (Las tres restantes aún no habían nacido).

Organización

El motivo de la reunión surgió a medida que los personajes fueron asumiendo su papel de conferenciantes y sacaron de su bolsillo (habían comprado uno entre todos) sus extensos discursos ermitelistas.

A partir de ese momento las cosas se desarrollaron de manera caótica y desordenada y fue necesaria la intervención del Payaso Pichito para la organización del coloquio. Este detalle es no poco importante si se considera que el Payaso era a la vez uno de los disertantes y no dudó en concederse el derecho a la palabra en los momentos en que más le convenía. Los participantes se sentaron en círculo de modo tal que Blimviznurrin no quedara en el medio de Avelino y la Chinfulesa, pero sí enfrentado a Íteles Óteles. (Esa era la condición que Blimviz había impuesto para asegurar su presencia). Una vez acomodados, descubrieron que el herpnitaco no estaba.

Conclusiones

El simposio se dividió en dos partes: la primera correspondió a la presentación de los temas a tratar, y la segunda, a la exposición de las conclusiones. En esta última nos detendremos, puesto que la primera se extendió de forma inesperada todo un tercio de siglo edacvalino. La conclusión fue: sí.

Pronunciada por el Payaso Pichito, suscitó un estupor general en los presentes, a tal punto que decidieron retirarse ofuscados, farfullando incoherencias y sin saludar. El único que respetó las formalidades de la conferencia fue Ernestino, pero este no se encontraba presente. Desde su hogar, se quitó amablemente el sombrero, sin percibir que eso le costaría el fin de su matrimonio.

Por fortuna, en las conferencias eruditas, el desacuerdo suele resultar más productivo que las conclusiones unánimes.

Eventos posteriores al coloquio

Los días posteriores al encuentro los cuatro personajes que habían presenciado el discurso de Pichito (el Payaso había tomado la palabra los 33,33333... años sin parar siquiera para tomar un té de mentolina) se sintieron especialmente predispuestos a la creación artística.

El período más fértil de Íteles Óteles, sin contar el día en que una ramificación de la Caléndula Magna le brotó en la nariz, tiene lugar en esta época. En el corto plazo de una noche, inventó la escala musical cromática, valiéndose tan sólo de las doce teclas de un raído piano de cola, y descubrió el color verde, con tan sólo abrir un pote de témperas de la Chinfulesa.

Surgimiento del dificultismo

En relación a esto, es importante destacar que utilizando únicamente la escala cromática, Íteles compuso esa misma noche dos de sus más bellas canciones sentimentales, fundadoras del período elementalista.

Esta corriente se basó en la expresión sencilla y directa, sin artificios, de los sentimientos más profundos y complicados del alma edacvalina. De este período data una de las más populares creaciones de Palbo: ``Qué triste estoy / qué triste es / esta canción''.

En oposición a esta corriente, y esa misma inspiradora noche, surgió otro de los movimientos fundamentales de la historia edacvalina: el dificultismo. Las creaciones de este período se caracterizaban por entorpecer la comprensión del mensaje, que terminaba perdiéndose en las innumerables vueltas de los complicados intérpretes. De la mano de Avelino y la Chinfulesa surgieron las Baladas a Pernámbuco (``Oh, húmedo elemento que higienizas los inodoros'') que pretendían, entre otras cosas, expresar el sentimiento de desarraigo de los micosines en Shovanía.

La primera palabra de Blimviz

Por su parte, Blimviznurrin Arrananana también sorprendió a sus contemporáneos, al comenzar esa misma noche su carrera de mimo. En las esquinas de los bosques de papi Arrananana se dedicó con su fresco estilo, a realizar los más creativos trabajos. Sus improvisaciones finalizaron cuando arroz, la Primera Palabra, se escapó de su boca.
Acorde a sus principios, Pichito obligó a todos los participantes de la conferencia a depositar considerables cantidades de bizcochitos de fanichóresa en el Banco Edacvál, a modo de gratificación por la inspiración prestada.