Descubrimiento del Otro Continente

El descubrimiento del Otro Continente acaeció en los Tiempos en que Pichito estaba aprendiendo a tocar la flauta dulce, período comprendido entre los años 29987 y 28979 ááá., ya que fue en esa época cuando Palmípides lo estudió y comprendió.

El rey del Otro Continente

El Otro Continente estaba gobernado por un ratón de dimensiones ciclópeas, que en la cabeza llevaba una corona de cobre puro. Las escuelas otrocontinentales idealizaban la figura del ratón, y exponían cuadros de su majestad en los patios, aulas, y en las oficinas de las directoras. Sin embargo, las carraspeantes directoras retaban con su voz llena de tiza a los niños que, imitando al ratón, se dejaban crecer los bigotes.

El ratón había desposado a una herpnitaca manca, a quien mantenía encerrada en un inodoro, para resguardarla de los numerosos pretendientes que querían la mano de la princesa. Cuando decimos que querían su mano, figuraráse el lector que nos referimos con esto a casarse con la reina, ya que además era ella manca. Pero no: la reina tenía un implante de oro, y esto era lo único que los aspirantes anhelaban. (Ya que, en los demás aspectos, la reina era tan fea y maloliente que casi nadie se habría cuestionado por qué estaba en un inodoro).

El ratón había comenzado a reinar en el Otro Continente hacía muchos años ya. Hasta entonces el poder había sido mantenido en manos de los otrocontinentales de clases altas: los que medían 1.90 o más. Los ideales democráticos que despertaron alrededor de los Tiempos en que Pichito estaba aprendiendo a nadar, cuando Ernestino el Pequeño y el Guante de Goma blanquearon la Constitución Alebrijeza, se trasladaron al Otro Continente por medio de los traficantes de mentolina, que pedían a los aborígenes nonocontinentales hojas de esta planta a cambio de espejitos de colores. Los aborígenes nonocontinentales salían claramente ganando, considerando la abundancia casi a modo de plaga de la mentolina en la región.

El ratón, fingiendo que iniciaba una revolución de proporciones similares a la Revolución que no Ocurrió en Mociembre, arrastró a las masas a derrocar a la nobleza, y se autoproclamó roedor soberano.

Tratando de satisfacer los deseos de las masas, que luchaban por la igualdad, el roedor razonó que la mejor forma de garantizar que todos tuvieran los mismos derechos sería haciendo que nadie tuviera ninguno. Más tarde, la política de igualdad absoluta se relajó, cuando el roedor introdujo algunas obligaciones propias a cada individuo.

El descubrimiento del Otro Continente

Como ya se explicó antes, había navegantes nonocontinentales que comerciaban con los aborígenes del Otro Continente, de modo que el contacto entre ambas civilizaciones era cosa de hacía ya mucho tiempo. Sin embargo, quien descubrió el Otro Continente fue el Adelantado Íteles Óteles, cuando en la escuela le hicieron calcar un planiedacvio.

Consecuencias

Las repercusiones del descubrimiento de un Nuevo Continente impactaron fuertemente en las cuatro naciones del nonocontinente, exceptuando a Alefragancia, Pluplanca Oxoriental, Alebrijentz y Una Cabeza de Vaca.

Los toribiodelfondenses vieron en el Otro Continente una oportunidad para encontrar un nuevo hogar, porque nunca les había gustado la parte de ``del Fondo''.

Pichito, por su parte, determinó que había que instaurar allí una nueva religión, cuyos libros sagrados (una sola hoja) dictó la Chinfulesa desde la cama, mientras acomodaba con golpecitos el gorro de dormir. La religión de la Chinfulesa se basaba en el principio de la discordia. Doña Chinfa afirma en el primero y único párrafos del libro: la mayor parte de las doctrinas se ocupan de la negación de ciertas diferencias, mientras la mía se basa en su afirmación.

Stragagmesani y Cachavsky decidieron hacerse chinfulistas cuando vieron que la frase de Doña Chinfa Espirilesa era consistente consigo misma, pues afirmaba la diferencia entre otras doctrinas y la suya propia. ``Pocos libros sagrados hay'', diría Cachavsky, ``que no se contradigan consigo mismos''.

Pichito llevó a tres misioneros entusiastas de la fe chinfulista, vestidos de rojo, y la fe en la chinfulesa se dispersó a lo largo de la faz otrocontinental (pero a lo ancho no, y esto hizo que la religión sólo ganara dos fieles: dos micosines daltónicos, que creyeron que los misioneros eran nada más y nada menos que la encarnación del micosín verdoso).

Ernestino el Pequeño, por su parte, fue el primero que se enfrentó a las dificultades de las lenguas otrocontinentales las cuales, a diferencia de las lenguas del Nono Continente, involucraban fonemas no sonoros, como volteretas y movimientos de las manos. Tras varios años de estudio, Ernestino concluyó que su estupidez era todavía más profunda que el Pozo de Pluplanca, cuando cayó en la cuenta de que los movimientos no eran parte de lenguaje alguno, sino de bailes folklóricos de esas tierras.

Estando de viaje en el Otro Continente, Ernestino conoció a una Cocotera Gordinflona, cuya persona le recordaba sobremanera a la difunta Palmera, y trató de conquistarla sin éxito. Razonó entonces que allí las plantas no hablaban, y se dijo que en el Otro Continente las cosas eran un poco más aburridas que en el Noveno. Ese mismo día, el ratón gigante lo despidió en pantuflas, mientras cenaban cabeza abajo, y Ernestino se tomó el murciélago de vuelta a casa.