Dacvale

Ama y señora de Una Cabeza de Vaca, Dacvale (también conocida como Vale) es una de las escasas féminas que pululan (según ya lo notamos la otra vez) las páginas de esta enciclopedia, junto con la Chinfulesa, Bí Á, Tenentenententerenana, la Palmera Regordeta y Habichuela Vork, entre otras pocas.

Primeros años

Hija no reconocida de un payaso cuya gracia no nos es dado mencionar, y una aguja de crochet que Alguien (duque de Prafprafia) tiró al piso, al nacer diólese a Dacvale la posibilidad de escoger entre morar en las montañas o en el Bosque Artificialmente Natural de papá Arrananana.

Dacvale escogió las Playas Soleadas, harto visitadas por ingenuos turistas que viajan a broncearse a esos parajes, de nombre tan sugerente, creyendo que se trata de balnearios. Tarde caen en la cuenta de los días y las noches, y en la cuenta de que las montañas Playas Soleadas son, en verdad, sombríos picos siempre nevados.

La más tierna infancia de Dacvale transcurrió en las Playas Soleadas, donde los monjes y las monjas pastoístas enseñáronle a diferenciar entre los yuyos agrestes y los yuyos silvestres, que casi nadie distingue, y casi todos saben que no se pueden distinguir. Al Dacvale cumplir dieciocho mociembres, dióse cuenta de que las enseñanzas milenarias de los monjes pastoístas no tenían valor alguno y fuése a refugiar a las Cordilleras Gélidas donde la costa de blancas arenas es bañada por el cálido Océano Perfumado.

Estadía con Íteles Óteles

En las Cordilleras determinóse a olvidar para siempre la doctrina pastoísta, y acudió a la presencia del iluminado Íteles Óteles, bajo la tutela de quien ahijóse. El iluminado la encerró esposada en una habitación continuamente iluminada por excrementos de espejuela. Allí le enseñó casi todos sus trucos, y unos pocos más. Pronto la alumna superó a su maestro, quien lo reconoció cuando Dacvale consiguió plantear y demostrar la relación entre las longitudes de los triángulos rectángulos, justo después de iniciarse en los misterios de la geometría y el Teorema de Pichitágoras, que precisaba muy precisamente, precisamente dicha relación.

Una vez hubo dominado el arte de descubrir cosas ya descubiertas, Dacvale sintió que su maestro era un chanta y decidió fugarse. Los detalles de dicha fuga son demasiado complejos y escapan a los límites de este artículo; bastará con mencionar que la fuga involucró un ermitelio, siete mensajeros y un estofado de uñas de dedo del pie.

Trabajo como oficinista

Después de escapar, Dacvale fue a parar a una oficina (más propiamente debiéramos decir que fue a sentarse a una oficina) donde su jefa, una nubecilla simpática y curiosona, le ordenó que catalogara y dispusiera en orden un cuadro del artista plástico abstracto Apílotes. Dacvale obedeció, y tras haber ordenado los despatarrados y expresivos trazos del artista, obtuvo una trama escaqueada y aburridísima que pronto fue a parar a la basura (más propiamente debiéramos decir que fue tirada a la basura).

Dacvale continuó trabajando en la oficina durante unas horas, y enseguida determinó que la remuneración no era satisfactoria, pues la paga consistía en unos absurdos rectángulos de papel, con caras de señores de colores.

Condecoración como Caballera del Cabello

Conociólese a Dacvale un solo amor, el del Caballero del Cabello. Inspirada por la participación del Caballero en las justas (confrontaciones que contradictoriamente eran más bien injustas, pues casi siempre enfrentaban a un edacvalino imponente contra un diminuto micosín que fácilmente le ganaba), Dacvale quiso ser Caballera y se hizo ungir por la Chinfulesa como la Caballera del Cabello.

Muerte

Lamentablemente para Dacvale, su título de Caballera del Cabello fue tomado socarronamente por los edacvalinos, quienes comenzaron a llamarla Cabellera. Sus maestros de la orden pastoísta y el iluminado Íteles Óteles decidieron vengarse de la traidora Dacvale y acusáronla de bruja. Al día siguiente, un atardecer de mociembre, un payaso cuyo nombre no nos es dado mencionar quemó a Dacvale en una hoguera de Fuego de Tancora.