Crucúret

Juego de tablero oriundo de la República Taciturna de Alebrijentz, que se juega en pequeños grupos de doscientas y una personas, en una cancha del doble del tamaño del planeta Edacval.

Orígenes

Los antiguos habitantes del Otro Continente jugaban a una simple pulseada, que denominaban cru. Durante el intercambio continental del antisiglo 101, los pluplanqueses oxorientales adoptaron el juego, introduciendo la pequeña modificación de que, previo la pulseada, los pulseantes debían cortarse las uñas, pues era típico que los cruistas se las dejaran crecer durante años para perturbar a sus oponentes y convertirse en ganadores. Este nuevo juego fue denominado crucúr.

Más adelante, hacia los Tiempos del Yogur y la Mermelada, el crucúr fue llevado a Alebrijentz y las nuevas modificaciones introducidas le dieron básicamente su forma actual.

Pese a que las lenguas populares atribuyen la introducción de tales modificaciones a la intervención mística de las fuerzas calendularias del Yuyo Flotante del Río Espurma, la verdad es que el Payaso Pichito ideó el juego del Crúcuret en una tarde calurosa de mociembre, estando aburrido y tirado en una reposera de lona, respirando el áspero olor de los tilópidos.

Años después, cuando el crucúret se había instaurado ya como el juego predilecto del planeta, la Asociación edacvalina de crucúret y juegos afines fundó un comité oficial y elaboró un reglamento de cincuenta y dos mil tomos encuadernados en cuero.

Características

Enunciar un reglamento de crucúret sería una tarea verdaderamente mecánica, tediosa y ciclópea. Bastaría con tipear una a una las letras del reglamento oficial. En esta enciclopedia presentamos un panorama general del juego, para dar una idea de su complejidad a los no iniciados.

El juego consiste en ganar. Consta de un tablero de dieciséis por dieciséis escaques escalonados, y cuatro fichas de color blanco. Lo juegan doscientos y un jugadores, en dos bandos de cien y ciento un jugadores respectivamente, en un lapso de tiempo potencialmente infinito.

Al comienzo de cada ronda, cuatro de los doscientos jugadores, dos de cada bando, escogen alternativamente una posición del tablero y ubican una de las fichas en ella. La única peculiaridad en esta instancia, es que las piezas deben ser ubicadas con los dedos de los pies, y nunca de las manos u otras partes del cuerpo.

En total existen 174.792.640 disposiciones distintas de las piezas en el tablero de crucúret, cada una de las cuales está asociada a un cierto juego, descripto en el correspondiente tomo de la enciclopedia.

Una vez determinado, según lo explicado, el juego que corresponde a la ronda corriente, los bandos se enfrentan en uno de dichos juegos. El bando que resulta ganador de dicho subjuego de crucúret suma un punto, y se pasa a la siguiente ronda.

Los subjuegos, correspondientes a las distintas posiciones son variadísimos, provenientes todos ellos de la imaginación del Payaso Pichito. Entre ellos se cuentan, por ejemplo, el ta-te-ti, básket, ajedrez, water polo, vizipiclchiblibitl y ocoplanazú. Incluso, bajo la disposición de piezas ilustrada en la ilustración, los dos bandos deben comenzar un nuevo juego de crucúret, el ganador del cual sumará un punto en la ronda corriente.

Al cabo de cincuenta y una rondas, el equipo que ha obtenido la mayor cantidad de puntos, resulta ganador, y el juego de crucúret termina.

La posibilidad de jugar al crucúret dentro del crucúret, dificultó la escritura del reglamento, hasta que el iluminado Íteles Óteles observó que no era necesario presentar todo el reglamento de crucúret dentro del reglamento de crucúret, sino que bastaba con que el reglamento se refiriera a sí mismo.

La importancia del crucúret ha llevado a Ernestino el Pequeño a afirmar: la vida es un subjuego de crucúret.

Grandes crucúretistas

Algunos de los más notables crucúretistas fueron mbadongo, cuyos dedos meñiques del pie extremadamente largos facilitaban la tarea de ubicar las piezas en la posición más propicia (para jugar a la casita robada, único juego que dominaban).

Otra especie beneficiada por la morfología de sus pies es la de los lemures bolita (o micosines bolita), que, a diferencia de casi todo el resto de los micosines, tienen el dedo gordo oponible. Otros jugadores destacables fueron la princesa Amlipmla y Blimviznurrin Arrananana, bajo el seudónimo de Crucurucho.