Carta de la Palmera enojada

Cuando Ernestino llegó al fondo del Pozo sin Fondo, quedó desocupado, y se encontraba sin ingresos. Para mantener a Patitas y todos sus tentáculos se vio obligado a hipotecar su sombrero, pidiéndole un préstamo al Banco Edacvál.

En una ocasión, la Palmera dijo, en broma, :Ernestino, yo me casé con vos por tu dinero. Mirá que si no, me voy.
Ernestino psicofrutanalizó: :Todo chiste oculta algo de verdad y también :Si lo decís, es porque lo pensaste

La Palmera era una árbol abierta, de hojas amplias. Pero algunos de los argumentos psicofrutistas le hacían picar los cocos.

En esa ocasión respondió.

Ernestino, me irritan los sombreros que tienden a monopolizar el pensamiento. Me irritan los sombreros que quieren hacerme creer que hay cosas que está mal pensar. Los pensamientos no son buenos, ni malos.

Quizás vos, Ernestino, no te permitís pensar en descuartizar al Payaso Pichito.

Yo no me prohíbo pensar nada.

Mis pensamientos son el único lugar en que soy libre. Cuando tengo ganas, voy, y lo asesino a Pichito mentalmente.

Lo que puede ser bueno, o malo, son las acciones.

De pensar en matar a Pichito a matarlo realmente hay  una distancia muy grande.

Lo que nos diferencia a las palmeras de los animales es que somos capaces de pensar. Lo que nos diferencia es que, ante una determinada circunstancia, somos capaces de prever posibles escenarios futuros, evaluarlos y tomar una decisión en consecuencia. La gente como vos, Ernestino, que se prohíbe pensar ciertas cosas, está achurando sus capacidades.

Si yo no mato a Pichito, es justamente porque lo pensé muchas veces. Porque evalué la posibilidad. Porque decidí que hacerlo estaría mal. Tu sistema de valores morales, sombrero, no es escalable. Vos hacés las cosas porque alguien te las dijo. Vos creés que hay cosas que están bien, porque eso es lo que creen los demás.

¿Pero vos nunca lo pensaste?

Te horroriza pensar en matarlo, ¿por qué? ¿quizá porque internamente temés ser capaz de hacerlo?

Sería bueno que te pusieras a meditar un rato, a evaluar  vos mismo de dónde salen todas las cosas que creés. Y no te prohíbas nada. Pensar en algo no te va a hacer mejor ni peor sombrero.

En cuanto a la frase... ¡era un chiste!

Vos decís ``si lo decís, es porque lo pensaste''. ¡Y claro  que lo pensé! No me ando con boludeces. No me ando  prohibiendo pensar las cosas.

¿Y qué quiere decir que ``todo chiste esconde algo de  verdad''? Dejáme de romper las pelotas, sombrero.

Si todavía no entendiste la diferencia entre pensar en  algo, y hacerlo, seguí probando.

Umbeso,

Anáana.